
Islandia también me atrapa por su baja densidad demográfica (2,9 hab/km2, o sea 317.593 habitantes en toda la isla... poquísima gente si lo comparamos con una ciudad de tamaño medio catalana, Badalona, con sus nada reprochables 10.479 hab/km2). Poco personal equivale normalmente a mejor preservación del medio, menos ruido y más noción de donde están nuestras raíces, la madre tierra.
Pero no sería justo acabar este post, sin acordarme de esa fiesta en la calle Flassaders de Barcelona en el 2000, donde conocí a una pareja islandesa, de residencia temporal en la ciudad Condal. No recuerdo sus nombres pero él (¿Orri?) tocaba algo de música en esa época y me habló mil maravillas de una escena en Reykjavik que epataría de lo lindo durante la década que acabamos de dejar. De ellos nunca más supe, pero dejaron en mi esa semilla de la curiosidad e ilusión, que acabaría en pasión para realizar un viaje que no haría ... hasta el agosto del 2007.
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